“COLOMBIA SIEMBRA”, O ¿COLOMBIA QUIEBRA?

Eudoro Alvarez Cohecha, Villavicencio. Septiembre 14 de 2016

REFERENDO POR EL AGRO 03AGO

Con entusiasmo altamente condimentado con un buen grado de ingenuidad, los arroceros colombianos, espondieron a las invitaciones que desde el gobierno se hicieron para aumentar sus siembras, con el argumento de que debemos como nación disminuir las importaciones, a fin de contener el desbarrancadero por el que transita la soberanía alimentaria nacional. “Colombia siembra” se denominó el programa por parte del Ministerio de Agricultura.

La devaluación del peso colombiano, luego de un largo período de revaluación, aumentó el costo de la comida importada y el nuevo precio del dólar fue un aliciente adicional de primerísima categoría que dio como resultado, en el caso del arroz, una importante recuperación de las áreas que se habían dejado de sembrar, con las implicaciones positivas que para la economía y el empleo traen consigo la recuperación de nuestra agricultura.

La Orinoquia sembró en la cosecha A de 2016, 222.000 hectáreas, convirtiéndose en el primer sembrador de arroz nacional. El Meta, plantó 65.000 hectáreas, Casanare 139.000 y Arauca 17.000, generando una positiva expectativa en toda la región y un avivamiento de actividades complementarias y aumento de consumos que genera la agricultura, reactivando el empleo, cuando el petrolero se vino al piso.

Todo el panorama descrito comenzó a ensombrecerse cuando la industria, caracterizada por una composición estructural de tipo monopsónico, en manos básicamente de tres grandes empresas molineras, decidió, unilateralmente, que la buena nueva situación sería aprovechada solamente por ellos en su propio beneficio.

Contrario a lo afirmado por Induarroz, gremio dominado por el monopsonio: “la industria molinera no establece precios del arroz”, ésta está pagando el cereal a como se le dá la gana; la supuesta “libre competencia” no existe en este sector por la sencilla razón de que unos pocos, (tres), dominan el 85% del mercado del arroz ofrecido a los consumidores colombianos. Adicionalmente hablar de cosecha excedentaria, cuando los inventarios al inicio de la temporada eran deficitarios y la estacionalidad de la cosecha acumula en pocos meses el consumo de los siguientes seis, es burlarse de todo el país arrocero y tratar de esconder la existencia de una posición dominante, incluso penalizada por la superintendencia de industria y comercio.

El proceso de concentración de la industria molinera en los últimos años es de tal nivel, que de más de 60 molinos que existían en el Meta, tan solo sobreviven tres por fuera del monopolio representado en Induarroz; resulta así una falacia hablar de una competencia perfecta en esta actividad.

A los permanentes y ya tradicionales “tablazos” que le dan al agricultor en el momento de clasificar el grano que compran, agregan su negativa a participar de un programa de incentivo al almacenamiento, creado hace más de una década, e impusieron un precio inferior al de la cosecha pasada, cuando los costos del cultivo, altamente influenciados por los valores crecientes de semillas e insumos, en buena parte suministrados por ellos mismos, se incrementaron en 12%.

El gobierno, carente de voluntad e instrumentos para impedir este desafuero, acudió a la farsa de una consulta con productores amenazados por el desplome del precio y cedió al chantaje del monopolio molinero, cohonestó la baja en la cotización del arroz, avocando a los campesinos y empresarios rurales a una pérdida de rentabilidad, desestimulando el cultivo, nuevamente, pues no es dable que los agricultores mantengan o aumenten sus siembras cuando son sometidos a no tener rentabilidad o incluso a perder la misma, que se traslada así a un sector, que como el molinero, no ha entendido que una vez destruida la producción nacional, ellos no tienen cabida en una economía desventajosamente abierta por los insensatos TLC, promovidos por los gobiernos de los últimos 26 años.

Promover las siembras cuando no se tiene asegurada una comercialización justa es una Irresponsabilidad del gobierno, pues luego de que los agricultores se “embarcan” en sus propuestas, los deja en manos de lobos feroces que los engullen como a inocentes caperucitas rojas.

Nuevo descalabro en el arroz, que convirtió el “Colombia Siembra”, de la realidad virtual del ministro Iragorri en “Colombia quiebra” de la realidad real. 

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